En la industria minera moderna, la gestión de los Depósitos de Almacenamiento de Jales (TSF) ha dejado de ser una simple tarea de acopio de residuos para convertirse en un desafío crítico de ingeniería, seguridad y cumplimiento normativo.
La seguridad estructural y ambiental de estas instalaciones depende, en gran medida, de la capacidad de los ingenieros para implementar soluciones de ingeniería con geosintéticos para minería que controlen de manera efectiva las filtraciones. Este artículo técnico profundiza en las aplicaciones, normativas y criterios de diseño necesarios para optimizar el control de fluidos en presas de jales, basándose en las memorias del 2º Simposio Internacional sobre Depósitos de Jales (Hermosillo, 2026).
El almacenamiento de jales convencionales (en pulpa) o incluso de jales espesados implica el manejo de grandes volúmenes de agua de proceso. Si no se establecen barreras adecuadas, se generan dos riesgos fundamentales:
En México, el diseño y operación de estos depósitos se rige por la NOM-141-SEMARNAT-2003. Esta normativa establece que la protección de acuíferos mediante barreras impermeables es obligatoria bajo las siguientes premisas:
A nivel global, organismos como el ICOLD (International Commission on Large Dams), a través de su Boletín 194, y el estándar GISTM (Global Industry Standard on Tailings Management), complementan la normativa mexicana al elevar los criterios de seguridad y gestión de riesgos.
Estos lineamientos promueven la adopción de Mejores Tecnologías Disponibles (BAT) y un enfoque basado en reducción de riesgos bajo el principio ALARP (As Low As Reasonably Practicable), lo que implica no solo cumplir con la normativa, sino optimizar continuamente las condiciones de seguridad ambiental y estructural.
Durante décadas, la impermeabilización en proyectos mineros se basó en el uso de capas de arcilla compactada de hasta 90 cm de espesor, con permeabilidades del orden de 1.0 × 10⁻⁷ cm/s. Hoy, la limitada disponibilidad de bancos de arcilla adecuados, junto con mayores exigencias operativas y ambientales, ha impulsado la adopción de geosintéticos como la alternativa más eficiente, confiable y controlable.
Las geomembranas de Polietileno de Alta Densidad (HDPE) se han consolidado como el estándar en la industria minera gracias a su alta resistencia química, excelente durabilidad y muy baja permeabilidad, incluso frente a soluciones agresivas.
Por otro lado, las geomembranas de Polietileno Lineal de Baja Densidad (LLDPE) destacan por su mayor flexibilidad y capacidad de elongación, lo que les permite adaptarse mejor a asentamientos diferenciales, movimientos del terreno y geometrías complejas, como en patios de lixiviación.
Para mitigar el riesgo de perforaciones accidentales durante la construcción, se utilizan Revestimientos de Arcilla Geosintética (GCL) en combinación con geomembranas. Estos sistemas compuestos aprovechan la capacidad de hinchamiento de la bentonita sódica para sellar mecánicamente cualquier poro o rasgadura pequeña, garantizando la estanqueidad total del sistema.
Uno de los factores más críticos en el diseño con geosintéticos en minería es el comportamiento de las interfaces. En muchos casos, la superficie de falla no ocurre en el suelo ni en el material geosintético en sí, sino en los planos de contacto entre capas, como la geomembrana y el soil liner o la capa de protección (overliner).
Cuando se requiere remediar filtraciones en depósitos antiguos o cuando el terreno natural posee alta permeabilidad, las soluciones superficiales se complementan con ingeniería profunda.
Consisten en zanjas excavadas hasta la roca madre y rellenadas con material granular (grava). El método innovador de paneles de drenaje permite alcanzar profundidades de hasta 27 metros, superando las limitaciones de los sistemas convencionales.
Para asegurar que el agua captada sea conducida a pozos de bombeo, se instalan pantallas de concreto plástico aguas abajo del muro drenante. Estas barreras logran permeabilidades inferiores a 10‾⁸ m/s, protegiendo eficazmente el entorno hídrico.
La implementación de estas tecnologías exige una gobernanza técnica estricta para cumplir con el requerimiento 6.5 del GISTM.
El control de filtraciones mediante geosintéticos es un componente indivisible de la minería responsable. La integración de geomembranas, geomallas y geocompuestos, respaldada por una caracterización geotécnica exhaustiva y una gobernanza sólida, no solo protege los recursos naturales sino que garantiza la estabilidad física y química a perpetuidad del depósito.
En este contexto, la correcta selección de materiales y su adecuada implementación marcan la diferencia entre el cumplimiento básico y la excelencia operativa.
En LDM, entendemos que cada proyecto minero presenta desafíos únicos. Como distribuidores de soluciones plásticas de ingeniería para la industria minera, ofrecemos materiales de alto desempeño diseñados para aplicaciones críticas, acompañados de asesoría técnica especializada para asegurar que cada solución cumpla con los más altos estándares de calidad, seguridad y durabilidad.
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La elección depende de la aplicación específica. El HDPE es preferible para el fondo del vaso debido a su alta resistencia química y durabilidad mecánica. En taludes y áreas propensas a asentamientos, el LLDPE (especialmente texturizado) es ideal por su flexibilidad y capacidad de fricción de interfaz.
Los geotextiles de poliéster (PET) son vulnerables a la hidrólisis en ambientes con pH > 9, lo que provoca pérdida de resistencia molecular. En presencia de relaves alcalinos o cal, es mandatorio utilizar geotextiles de polipropileno (PP), que mantienen su integridad química a largo plazo.
Siguiendo las guías CDA e ICOLD, se debe garantizar un FS > 1.5 para condiciones estáticas normales de largo plazo. En escenarios de post-licuefacción o eventos sísmicos extremos, el FS mínimo aceptable es de 1.2.
Es un parámetro establecido en la NOM-141 que determina el riesgo de afectación de un acuífero basándose en el confinamiento hidráulico, la litología del suelo sobreyacente y la profundidad del agua subterránea. Un valor superior a 0.25 obliga al diseño de sistemas de impermeabilización con barreras sintéticas.